Santidad no es perfeccionismo


Me ha gustado mucho esta reflexión del obispo de Palencia, monseñor Munilla, en su blog, en una entrada sobre el hermano Rafael, quien ha sido canonizado el domingo pasado:
Una de las grandes enseñanzas de la vida del Hermano Rafael es ésta: la santidad no debe de confundirse con el perfeccionismo. Este último, el perfeccionismo, se caracteriza por centrar todos los esfuerzos en la materialidad de nuestras obras, de forma que las podamos culminar correctamente, sin error ni fallo alguno… Sin embargo, la santidad no consiste tanto en la perfección material, cuanto en la aceptación y en el ofrecimiento, por amor de Dios, de nuestros esfuerzos y de nuestros pequeños “logros”, así como de nuestras limitaciones y errores.

A lo largo de los escasos años en los que el joven Rafael permaneció en la Trapa de Dueñas, tuvo que ir desprendiéndose -en un claro ejercicio de purificación pasiva- de sus planes, proyectos, propósitos… Rafael soñó al ingresar en la Trapa con llegar a ser un monje perfecto; pero, finalmente, Dios le concedió ser… ¡un monje santo!
Comenta Don José Ignacio cómo el hermano Rafael tuvo en su vida que renunciar a sus proyectos debido a una grave enfermedad de modo que tuvo que asumir el sufrimiento de ver peligrar su propia vocación religiosa por las limitaciones que la enfermedad le suponía. Sin embargo, fue su respuesta a esas limitaciones, que le impedían la perfección como monje lo que le llevó a la santidad.

Me recuerda esta reflexión de monseñor una cita de Gandhi:
Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.
Nada de lo verdaderamente humano es ajeno a Dios. Más bien todo lo humano puede ser elevado sobrenaturalmente. Lo realizado con el máximo esfuerzo, por amor a Dios, pese a nuestras imperfecciones, a nuestras limitaciones, nos acerca a la santidad. Una muestra más de la amorosa previsión del Padre.

4 comentarios:

opusprima dijo...

Saludos Kairos. Interesante explicación de la santidad. San Josemaría decía que "Aspiración: que sea yo bueno, y todos los demás mejores que yo". "Rectificar - cada día un poco -. Esta es tu labor constante si de veras quieres hacerte santo". Desde luego me quedo con algo que siempre decía:¿quieres señal más segura que la cruz para saber que le has encontrado (a Cristo)?.

Kairos dijo...

Saludos Opusprima. Sin duda reflexionar sobre la santidad no deja de ser interesante. A mí desde luego me queda mucho por aprender. Yo me había quedado en el "Sed perfectos como vuestro padre celestial en perfecto". Es evidente que un mal enfocado perfeccionismo es una desviación del camino, pero lo que me ha parecido interesante es que Dios no nos pone una meta inalcanzable sino que lo que busca es nuestro esfuerzo constante. En ese sentido es como un padre amoroso que ve esforzarse a sus hijos y no les exige lo mismo, sino que adapta la meta a cada uno. Un aliciente más para afrontar la lucha y no caer en el desánimo por nuestros pobres resultados.

Zambullida dijo...

La historia del Beato Rafael la conocía; ya sabes que tengo "contactos" en La Trapa. Lo que me ha conmovido es el último párrafo de tu post. Bellísimo. Gracias por invitarme a leer esta entrada. Gracias. Eso sí: yo de santidad, nada de nada. Me conformo, de momento, con vivir.

Kairos dijo...

Saludos Zambullida. La santidad debe ser la aspiración del cristiano. La identificación con el mismo Cristo. Pero en ese camino como agudamente observa monseñor Munilla a través del ejemplo del hermano San Rafael Arnáiz, nuestras pobre metas humanas a veces importan menos que el espíritu con el que afrontamos el camino.

Tú mejor que nadie sabe además que nadie está solo en ese camino. En algún lugar del mundo un monje reza por él. Gracias por comentar.

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